Carlota Giménez: «Hace 50 años había vacas en Montbau»

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Investigadora tardía Aunque era administrativa, esta vecina de Horta decidió dar rienda suelta a su afición y recopilar las historias del distrito donde vive, para que sus vecinos las conozcan.

Entrevista a la historiadora Carlota Giménez, autora de ‘Montbau, un barri de Collserola’.
el Periódico, Miércoles, 4 de mayo del 2011
NORA MIRALLES BARCELONA

Nació en el mismo barrio, Font d’en Fargas, donde ha pasado toda su vida. Quizá por eso, Carlota Giménez (Barcelona, 1949) defiende con tanto ímpetu que hay que conocer el lugar donde uno vive, quererlo, para poder defenderlo. Al cumplir los 44, Giménez decidió graduarse en Antropología Social y dedicarse a su gran pasión: la historia local de Horta-Guinardó. Su último trabajo conmemora el 50 aniversario del barrio de Montbau.

—El 26 de marzo presentó Montbau, un barri de Collserola. ¿Cómo nació la idea del libro?

—Me lo propuso la comisión que organizaba los festejos del 50 aniversario de la creación de Montbau. La asociación de vecinos tuvo la idea de escribir la historia del barrio, pero vieron que exigía una gran dedicación. Yo ya había escrito otros libros sobre la historia de la Font d’en Fargas, donde he vivido siempre, y sobre la importancia de las fuentes y rieras de Horta, y me lo encargaron a mí.

—¿Qué había antes donde hoy se ubica el barrio?

— Hasta los años 60, Montbau era un espacio semirural, no estaba urbanizado. El terreno donde se ubica eran dos enormes fincas, Can Barret y Can Gallart, que se dedicaban a la explotación agraria y al cultivo de viñas y almendros. El paseo del Vall d’Hebrón era una carretera de un solo carril y la gente bajaba hasta Horta a comprar. ¡Hace solo 50 años, en Montbau pastaban vacas!.

—Y ¿cómo se forjó esa urbanización?

— En un par de años, el barrio pasó de estar prácticamente despoblado a albergar 10.000 habitantes de golpe y porrazo. Estos recién llegados se encontraron totalmente incomunicados con Barcelona y eso les obligó a organizarse para exigir los servicios más básicos, como agua corriente, transporte público y escuelas para los niños. También pedían una parroquia propia y zonas de ocio infantil.

—Pero no obtuvieron respuesta.

— No. El ayuntamiento franquista no estaba por la labor de atender las demandas vecinales, así que los propios residentes crearon y gestionaron esos servicios. Con la transición, el consistorio se descentralizó por distritos y empezó a hacerse eco de las reivindicaciones de los vecinos, pero fueron las entidades y asociaciones quienes forjaron el barrio tal y como es ahora.

—¿Qué tipo de espacios crearon?

— Una lucha preciosa fue la de la biblioteca. Los vecinos impulsaron una biblioteca popular, gestionada por voluntarios. Pidieron a todo el mundo que donara sus libros y la asociación de vecinos donó todo su fondo. Años más tarde se creó la Biblioteca Municipal.

—Fue usted una historiadora tardía. ¿Cuando decidió dedicarse plenamente a su afición?

— Aunque la historia local siempre fue mi pasión, he trabajado toda mi vida de administrativa, hasta que hace diez años me puse a estudiar Antropología Cultural y decidí dedicarme a lo que de verdad me llena.

—¿Por qué ese interés por la historia a pequeña escala?.

— Me interesa especialmente conocer cómo han evolucionado los barrios, el cambio de usos de los espacios y lugares. Este tipo de historia se ha convertido en un boom, pero hasta hace poco tiempo no se consideraba importante. La Historia en mayúsculas era de las élites, de las instituciones; la historia local, la de los barrios, es más social, es la de la gente.

—Además de escribir libros, ilustra a sus vecinos con recorridos culturales por el distrito…

— Hace unos años creamos con unos compañeros un grupo de estudios sobre Horta-Guinardó, El Pou, cuyo objetivo es divulgar la historia de nuestros barrios. De momento, lo hacemos a través de paseos, el primer domingo de mes, por los lugares más emblemáticos. A cada una de ellas suelen apuntarse unas 30 personas. La próxima caminata será por la ladera de los Tres Turons, que antes se llamaba la Muntanya Pelada.

—¿Por que es tan importante dar a conocer la historia de los barrios?

— Para nosotros, es clave que la gente conozca el lugar donde vive, que aprenda a quererlo para poder defenderlo. H

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