Jabalíes haciendo botellón, los vecinos nocturnos de Montbau

Durante el día algunos vecinos subimos a disfrutar de Collserola y durante la noche son algunos jabalíes, cada vez más, los que bajan hasta la ciudad en busca de comida y acaban destrozando los parterres de césped del espacio público tan valorado en Montbau.

 

Salía del metro de Montbau de vuelta de una presentación en el Colegio de Arquitectos de Barcelona. Vicente Guallart, nuevo arquitecto jefe de la ciudad, nos presentaba un concurso para intervenir en las llamadas Puertas de Collserola, en los contactos entre la ciudad y el futuro parque natural. Como uno de los objetivos principales se proponía “que la naturaleza baje a la ciudad”. Pues dicho y hecho, ya era de noche al llegar al barrio y me encontré con la imagen ya habitual de los indicios de una manada de jabalíes que habían destrozado de nuevo otro gran parterre de césped en los jardines de Muñoz Seca. Pensé en enviar un mail a Guallart para advertirle que no era necesario seguir con el concurso, que la naturaleza ya estaba bajando cada noche a la ciudad. Pero luego pensé que era mejor no hacerlo y por el contrario me apunté al concurso para pensar sobre ese límite de la ciudad en el que se da un doble flujo de circulaciones, de ida y vuelta. Por un lado la ciudad trepa con sus calles por la montaña para que los ciudadanos paseen o corran por Collserola, y por otra parte, desde hace unos años, los jabalíes aprovechan los jardines de la ciudad para bajar cada vez más a buscar alimento y hacerse notar. Hasta parece que hubiese un acuerdo previo, de día subimos nosotros al parque y de noche bajan ellos a nuestros barrios.

No es un tema nuevo en Barcelona y demás municipios que envuelven a Collserola pero propongo pensar en ello dado el incremento de desperfectos en el espacio público y por los riesgos de una convivencia tan poco natural en un entorno urbano. Algunos datos: entre 2004 y 2008 casi se duplicó la presencia de jabalíes en Collserola y mientras en 2009 hubo 199 detecciones, en 2010 se produjeron 540 detecciones. Está clara la tendencia al alza no tan sólo en población como en detecciones de los animales en el espacio urbano de la ciudad. Los jabalíes buscan comida fuera de su hábitat natural precisamente por el aumento de población en el interior de Collserola y esa necesidad les ha llevado a buscar en el perímetro de la ciudad la subsistencia. Así buscan restos de comida en contenedores de basura, vuelcan papeleras, se aprovechan de lo que algún ciudadano confunde con dar de comer a las palomas, y por último, lo que parece ser su especialidad los últimos meses, buscan, revuelven y destrozan de forma alarmante los parterres de césped de los barrios y entornos de la Ronda de Dalt, tanto por el norte como por el sur de la misma. Un amigo me cuenta indignado su llamada una noche a la Guardia Urbana para alertar del peligro de una pareja de jabalíes grandes a punto de cruzar la Ronda de Dalt a la altura del Velódromo y la reacción entre sonrisas del agente que le atendió diciéndole que no tenían protocolo preparado para incidencias de ese tipo. Imagino que esa respuesta fue una anécdota poco acertada y espero que los responsables de la seguridad viaria de la ciudad midan mejor los riesgos de estos incidentes cada día más frecuentes.       

La problemática tampoco es fácil de resolver y los intentos no deben haber funcionado muy bien cuando hemos podido seguir en prensa algunas soluciones como la de combatir el aumento de jabalíes con arcos y flechas. Por lo singular de la propuesta y la polémica generada parece que la medida no se llegó a practicar y sí se hicieron batidas de caza con escopeta por el interior de Collserola como parece habitual en otros municipios.

Se han realizado campañas de sensibilización que tampoco parecen haber sido muy eficaces. No sé si dichas campañas han educado a los vecinos a no dar de comer a los animales o han servido para que estos últimos hayan perdido más el miedo y, sabiendo que no les darán comida de la mano, han decidido ir a por todo el césped que encuentren y si hace falta ir bajando por el Ensanche hasta llegar al parque de la Ciudadela.

El conflicto no es para escandalizarse pero algo está pasando con estos nuevos vecinos nocturnos de barrios como el de Montbau y creo que es un tema sobre el que hay que sensibilizar tanto a usuarios del parque de Collserola, como a defensores de los animales, resto de ciudadanía, responsables del mantenimiento de la ciudad, políticos de los diferentes municipios afectados o incluso conductores de la Ronda de Dalt.

En definitiva, no veo normal que no se hable más del tema y veo la superpoblación de jabalíes más como un problema de gestión de los responsables del Parc de Collserola que no como un problema de mantenimiento del espacio público o de seguridad de la ciudad. Soy consciente de que escenas como las que muestra el video que se acompaña, en el que se ve a una manada junto a la Escola Baloo del barrio de Montbau, pueden calificarse de sorprendentes, simpáticas o puntuales, pero no creo que sean situaciones compatibles con el uso cívico de un entorno urbano del que precisamente barrios como el nuestro está haciendo esfuerzos por preservar y son seña de identidad vecinal. Montbau tiene una vida de más de 50 años y la conservación de su ejemplar espacio público, mantenido gracias al respeto de vecinos e instituciones públicas, es un motivo suficiente como para defenderlo de una ineficaz gestión del problema de los jabalíes haciendo botellón. No me resigno a ver los jabalíes como un efecto secundario peri urbano consecuencia del lujo de vivir junto a Collserola.

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1 Comment

  1. A parte de la limitación de la población por parte del Parque de Collserola en gran parte responsable del bienestar de la fauna en general del parque y de los jabalíes en particular, se puede pensar en soluciones para impedir el paso de los jabalíes. Las medidas más eficaces son las barreras eléctricas i los repulsivos químicos: las dos impensables en un entorno urbano. Pero también hay las barreras canadienses: es un dispositivo que se puede implantar en el paso de los animales constituido de un foso poco hondo cubierto de tubos de metálicos resistentes (70/80 mm de diámetro) separados entre ellos lo suficiente para que las patas de los animales no puedan encontrar apoyo. Es bastante simple de implantar, sin impacto visual, hay que estudiar donde disponerlos, en límite del Parque por ejemplo, en la parte alta del carrer de l’Harmonia. Estas barreras impiden el paso únicamente a los animales de gran tamaño, (normalmente utilizadas para contener el ganado) pero dejan los corredores ecológicos intactos, no impiden el paso de los coches, bicicletas y excursionistas. A ver, todo esto necesita ser estudiado, pero como el problema es endémico, hay que pensar en soluciones para proteger los jardines y de paso los jabalíes de su curiosidad.

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